El puente Romano que unió Sicilia al continente.

Las fuentes históricas más completas proceden del geógrafo e historiador griego Estrabón (63 a.C. – 23 d.C.) y del escritor e historiador Cayo Plinio Segundo, conocido como Plinio el Viejo (23 d.C. – 79 d.C.). En particular, este último, en su «Naturalis Historia» (Liber VIII, 6), narra que en julio de 251 a.C. el cónsul Lucio Cecilio Metelo, durante la Primera Guerra Púnica, tras derrotar al comandante cartaginés Hasdrúbal (que había llegado a Sicilia desde África para ayudar a Aníbal) en la segunda batalla de Palermo, ordenó la construcción del puente, para permitir el transporte desde Mesana (Messina) a Regium Julium (Reggio Calabria) de unos 140 elefantes de guerra recién capturados a los cartagineses.


La idea del puente flotante de madera, relativamente sencilla e ingeniosa, no era del todo nueva, ya que los asirios, los persas y los griegos la utilizaban en la época clásica para conectar las orillas de los ríos durante las guerras. Los romanos perfeccionaron la técnica de construcción y las variaciones, utilizando estas estructuras en diversas ocasiones.


Técnicamente, el «puente» sobre el Estrecho de Mesina era una pasarela flotante, formada por cientos de botes vacíos atados de dos en dos, dispuestos de forma que no pudieran tocarse ni chocar, intercalados modularmente con barcos y rematados por travesaños de madera, de forma que formaban una cubierta, una superficie regular para caminar sobre la que se extendía una capa de tierra.
Se colocaron grandes y fuertes parapetos de madera a ambos lados de la pasarela para reforzar la estructura y evitar que los elefantes y las carretas cayeran al mar durante las operaciones de cruce.
Esta estructura «modular» era capaz de flotar ligeramente, tanto en vertical como en horizontal, adaptándose así y resistiendo la corriente del Estrecho, las rachas de viento y las mareas. Como el puente era «continuo» y flotaba sobre el mar, impedía el paso de los barcos a través del Estrecho, pero aportaba ventajas sustanciales: el rápido tránsito de tropas, personas, carros y mercancías entre las dos orillas.


Según los relatos, una vez que los cartagineses fueron derrotados en Sicilia y los elefantes fueron transportados a la costa calabresa, el puente flotante se dejó en su lugar, sin ningún tipo de mantenimiento, lo que permitió a los habitantes de ambos lados del Estrecho desplazarse, entrar en contacto e intercambiar bienes de forma rápida y sencilla.
El puente resistió durante varios meses las inclemencias del tiempo y los fuertes vientos del Estrecho antes de ser arrastrado por la fuerza del mar, separando de nuevo Sicilia de la península italiana durante los próximos dos milenios, a la espera de un nuevo enlace que, quién sabe, unirá algún día las dos orillas. ¿O también es una leyenda? (A.L.)

Traducción del original.